El bacalao de Quaresma empieza con un buen aceite

oli per fregir bacallà quaresma

Hay aromas que nos trasladan a la Cuaresma, que nos la anuncian antes incluso de que llegue en el calendario. Y uno de esos aromas es el olor del bacalao enharinado al tocar el aceite caliente. El sonido limpio de la fritura. El aroma que llena la cocina.

Pero hay un detalle que a menudo pasa desapercibido y que, en realidad, lo cambia todo: el aceite con el que lo freímos.

Porque un buen bacalao no empieza en la sartén. Empieza en la elección de un buen aceite para freír, ya sea un buen aceite de oliva virgen extra (AOVE) o un buen aceite vegetal alto oleico, como Bargasol.

¿Cuál es el mejor aceite para freír bacalao?

Una buena fritura no empieza cuando el pescado entra en la sartén. Empieza en la elección del aceite. Y cuando hablamos de frituras, hablamos de tres factores clave:

  • Estabilidad a alta temperatura
  • Resistencia a la oxidación
  • Resultado final ligero y crujiente

Elegir un buen aceite vegetal alto oleico o un buen aceite de oliva virgen extra de calidad es respetar el producto. Es entender que la fritura no es solo cocción: es textura, es aroma, es estructura.

Si lo que queremos es elegir aceite de oliva virgen extra, varietat picual, con su alto contenido en ácido oleico y antioxidantes naturales, es ideal porque ofrece estabilidad y carácter. Mantiene la temperatura, protege el sabor y aporta ese punto final ligeramente amargo y elegante que limpia el paladar. Es el tipo de aceite que no compite con el bacalao. Lo acompaña.

Pero si se prefiere un aceite vegetal suave que respete el sabor del producto, elegir un alto oleico como Bargasol es la mejor opción. Una opción perfecta también cuando el volumen de fritura es elevado —como ocurre a menudo en restauración o en periodos como la Cuaresma—.

Este aceite alto oleico está formulado específicamente para frituras y destaca por:

  • Alta estabilidad térmica
  • Gran resistencia a la degradación
  • Menor formación de espuma
  • Mejor durabilidad en usos continuados

Su alto contenido en ácido oleico lo hace especialmente adecuado para mantener la calidad en frituras repetidas, reduciendo la oxidación y alargando la vida útil del aceite. En resumen: eficiencia, estabilidad y seguridad en cocina profesional.

Cuando la cocina es exigente, el aceite también debe serlo

En las cocinas profesionales, donde el ritmo es intenso y el volumen de frituras aumenta durante la Cuaresma, la constancia es clave. Mientras que en los hogares, la búsqueda de calidad y sabor sin perjudicar el bolsillo es la principal premisa.

Por eso, es importante encontrar un aceite estable, que consiga una fritura más ligera y que absorba menos grasa. Un buen aceite para freír hará que el bacalao quede crujiente por fuera y jugoso por dentro.

Y es que la tradición mediterránea nos ha enseñado que el aceite no es una simple grasa. Es cultura. Es identidad. Es salud.

Fregir bien es mantener la temperatura entre 170 y 180 °C. Es no saturar la sartén. Es filtrar el aceite. Es saber cuándo hay que renovarlo.

Olis Bargalló: más que un ingrediente

Desde 1850, Olis Bargalló ha entendido que el aceite no es un complemento. Es el principio.

Cada AOVE, cada botella, cada aceite para freír nace con la misma filosofía: preservar el sabor, respetar la tradición y responder a las exigencias reales de la cocina.

Cuando el bacalao cruje en la sartén, no solo estamos friendo. Estamos repitiendo un gesto que generaciones anteriores ya hacían.

Y en ese gesto, el aceite es protagonista silencioso. No se ve. No se reivindica. Pero lo sostiene todo.

Porque el sabor que recordamos empieza siempre con un buen aceite

La Cuaresma es tiempo de sencillez. De platos humildes que se vuelven extraordinarios cuando se hacen bien.

Un buen bacalao frito no necesita artificios. Solo necesita respeto por el producto… y el aceite adecuado.

Con un AOVE picual de calidad, añadimos carácter y autenticidad.
Con Bargasol Alto Oleic, añadimos estabilidad y rendimiento.

En ambos casos, añadimos algo más: coherencia.

Y cuando hay coherencia entre tradición, producto y manera de hacer, el resultado no es solo un plato. Es una experiencia.